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dimecres, octubre 9th, 2019

1897. Origen de Els Quatre Gats y la bohemia barcelonesa

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La bohemia barcelonesa tuvo su centro neurálgico en el establecimiento Els Quatre Gats, promovido por Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y Pere Romeu. Fue el centro del arte contemporáneo en Catalunya, donde pintores, literatos, músicos formaron sin proponérselo un movimiento intelectual del que Cardona también formó parte antes de emigrar a París.

El 12 de junio de 1897 abrió sus puertas el hostal, taberna, café y cervecería Els Quatre Gats, en los bajos de la Casa Martí, un edificio proyectado por Puig i Cadafalch, en la calle Montsió, haciendo esquina con el Passatge de Sant Josep. El local se creó por el influjo de Le Chat Noir de París –que a su vez había tomado el nombre de la novela de terror homónima de Edgar Allan Poe publicada en 1843– y aquella denominación hacía referencia a sus promotores Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y el alma mater, Pere Romeu.

En estas ilustraciones publicadas en la revista El Gato negro, 23 de julio y 24 de septiembre de 1898, Cardona evidencia la influencia que tuvo su paso por Els Quatre Gats.
En estas ilustraciones publicadas en la revista El Gato Negro, 23 de julio y 24 de septiembre de 1898, Cardona evidencia la influencia que tuvo su paso por Els Quatre Gats.

A través de las memorias manuscritas de Ricard Opisso –cuñado de Joan Cardona a partir de 1904– puso en contexto la vida artística y cultural de Barcelona y los motivos por los cuales Cardona, uno de los primeros miembros de Els Quatre Gats, junto con sus compañeros y amigos se vieron impulsados a desear viajar a París. La descripción e indumentaria de aquellos que se consideraban bohemios era de esta manera:

“Íbamos todo los de la pandilla hechos una birria de mal trajeados y no habiendo ley ni juez que nos obligara a llevar los zapatos lustrados o enjabonados, el cuello cara y orejas, así es que conforme salíamos a la calle sólo veíamos miradas hostiles o de mofa cuando no alguna pedrada, como sucedía con demasiada frecuencia Y además de toda esta pintoresca, en las profundas oquedades de nuestros bolsillos sólo residía la mayoría de veces un miserable grupo de calderilla. Todos ellos tenían el pelo negro con mechones lacios y caídos, excepto el mío, que era polirevuelto y ensortijado. Éramos un plantel morrocotudo, mezcla de bohemios y señoritos, predominando eso sí los primeros, además todos a una éramos de la cofradía del “chuping” o cachimba vulgo pipa, pues esta tabaquerada “quita penas”. La queríamos como a una novia pues las tales pipas las chupábamos descomedidamente y de una manera alarmante, siendo el adormecimiento que nos rendía más pintoresquismo a nuestras getas de bohemios, un cebo excelente para que picaran las niñas cloróticas y modernistas, las cuales eran nuestro elemento fundamental de nuestras ilusiones; para el poeta y escritor, su musa, para el pintor su modelo, y para el músico su pentagrama, para luego poder tocar su partitura a cuatro manos”.

Opisso añadía:

“[…] la fascinante y deslumbradora figura del dueño, Pere Romeu, con su plastrón, con sus negrísimas barbas, sus chalecos de fantasía, su holgada y larga levita, que el bueno de Benito Soler, nuestro sastre, le cortaba, y que le caía que ni pintada, dándole aquel aire grave pulguerrimo y prosopopeico con aquella su figura elegantísima daba la estatura con que Dios le obsequió y como pléyade de tiernos polluelos, esperábamos todos nosotros el momento de levantar el vuelo. Y en aquel santuario de nobles ambiciones encontrábamos siempre un favorable ambiente de arte para nuestra precoces aspiraciones de potencial rebeldía, cobijándonos como polluelos alrededor de la chueca, he nombrado al inolvidable y ya inmortal, nuestro abnegado y tutelar Pere Romeu”.

La estética fue una influencia de las nuevas corrientes sociales, en los albores del nuevo siglo XX fueron los primeros hipster:

Ilustración publicada también en la revista El Gato Negro, 1 de octubre de 1898. Aquí los motivos florales anteriores aparecen al lado de una figura.
Ilustración publicada también en la revista El Gato Negro, 1 de octubre de 1898. Aquí los motivos florales anteriores aparecen al lado de una figura.

“Allí en aquel mesón de marras la pandilla Picasso, todos muchachos aún, nos mezclamos con unos hombres prehistóricos que por sus pobladas y revueltas barbazas ofrecían el aspecto de hombre de las cavernas, cuyo jefe de la tribu era el gran Rusiñol. Meifren, Casas, Pichot, Anglada, Lluis Pellicer, Pere Romeu, Mir, todos era extremo peludos, sin hacer mucho caso del barbero. San Clemente de Alejandría decía que las barbas “contribuyen a la dignidad del hombre, del mismo modo que los cabellos a la belleza de la mujer. Entrábamos, pedíamos una bebida o un sándwich, etc, etc y luego pagábamos o no pagábamos eso según. El Blanc [el camarero] nos tenía confianza y cuando nos íbamos sin pagar, eso si no sin antes haberle dado mil excusas muy artísticas y extravagantes, y el pobre Blanc, que aunque no quedaba del todo convencido nos dejaba largar confiado de que un día u otro le abonaríamos las cuentas atrasadas. Más cuando veíamos en periódicos y revistas extranjeras, frívolas o bien de Arte, que llegaban hasta nosotros, veíamos en ellas los mil dibujos y obras que publicaban muchas de las veces con menos méritos y condiciones que las nuestras, viéndonos en nuestra zona de obscuridad y de ignorados, sufríamos lo indecible al ver que pasaban los días y no salíamos del anonimato. Y, en cambio, otros artistas que no valiendo lo que muchos de nosotros triunfaban y brillaban ya de tiempo por el cielo de París… y unos deseos feroces de triunfar nos acometían y nos obsesionaban. Por aquel entonces nuestra aspiración y anhelo era volar hacia París y así sucedió que varios alcanzaron el vuelo, lo hicieron con alas de juega? Y una vez allí a pesar de luchar a brazo partido, jamás lograron la ambicionada gloria, al contrario, otros siguiendo el rumbo prefijado en su historia que tan solo Dios sabía al resplandor de gloria que Él les destinaría allí”.

Las ganas de aprender, de experimentar les jugaron en ocasiones situaciones arriesgadas:

“Conjurándonos a la sombra de nuestras descomunales chambergas, era la perturbación puesta en el orden del día, con la manía obsesionante de hacernos pasar por parisienses o extranjeros dábamos un aire a todo el frontispicio de nuestras personas de bohemios y artistas consumados, y que el vulgo nos bautizó con el tontísimo nombre de “modernistas”. Y de esta guisa nos desplazábamos al salir de Els Quatre Gats con un “rompan filas” por calles y plazas de la ciudad y con la cartera de apuntes y lápiz en ristre, mirando observando escrutando y escudriñando, ensartábamos a punta de lápiz a todo bicho viviente que se nos ponía delante, y que alguna vez estuvimos expuestos a callejeros linchamientos; tanto era lo que criticaban e indignaban muchos “¡Mátalo! (…) y ¡Pies para que os quiero! Nos refugiábamos en el primer burladero que encontrábamos… más a pesar de todo éramos felices, ¡archifelices! Aquello fue el centro, flor, nata, cifra emporio y compendio del Arte en Catalunya, pues en dicha cervecería, mesón café, hostería o lo que sea se congregaron en él y unidos por un mismo ideal y mutua simpatía todo un brillantísimo plantel de exquisitos pintores, literatos, músicos, que con cuyo movimiento intelectual, formaron así, sin saberlo, la afición y el incremento de las Artes en nuestra ciudad. Y así un día uno, otro día otro, se iban marchando a París como verdaderos alucinados en busca de la ansiada gloria… luego el poco tiempo, con frecuencia circulaba la gran noticia de que fulano triunfaba rotundamente y así Anglada, Gosé, los dos Cardonas, el escultor y el pintor, Clará, éstos artistas ya conocidos de nosotros, no obstante había otros más anónimos que por no marchar a Cuba, destertaban marchándose a Paris”.

Cardona también formó parte de aquella generación de artistas reunidos enEls Quatre Gats, como lo demuestra un documento manuscrito en el que Opisso hacía repaso al origen o profesión de los padres de aquellos jóvenes asiduos de Els Quatre Gats. Opisso anotó los nombres de aquellos jóvenes y de manera sintética, sumándolos. El resultado que les esperaba a aquellos artistas que ansiaban éxito y reconocimiento artístico si proseguían con la profesión familiar era de una “paga miserable”:

Isidre Nonell: Fideus
Manolo Hugué: Betes y fils
Ricard Canals i Llambí: Safreixos
Pere Torné y Esquius: Adroguer
Ricard Planelles i Duran: Drepaire
Joan Cardona i Lladós: Vaquería
Pablo Ruiz Picasso: Professor de Llotja
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PAGA MISERABLE

El 3 de noviembre de 1897 Cardona se dio de alta en el católico Cercle Artístic de Sant Lluc, animado por su amigo Ricard Opisso, quien había ingresado como socio de número, hostigado por Gaudí el año anterior. Cardona participó en la IV Exposición de Bellas Artes de los socios. En el catálogo de esta IV Exposición presentó la obra Nº 24 “Orillas del Guadaira”, una pintura al óleo cuyo precio era de 1.000 pesetas.

 

Gabriel Pinós


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